COVID-19: Crise econômica mundial e o papel da China

Os impactos da pandemia da COVID-19 vem ascendendo discussões sobre o novo cenário político econômico internacional em decurso. Nessa perspectiva, o grupo de trabalho sobre China do Conselho Latino-americano de Ciências Sociais (CLACSO), produziu uma análise sobre  a atuação chinesa e as transformações da geopolítica mundial  em tempos de pandemia e crise econômica . Segue a análise:

El surgimiento del nuevo coronavirus/Covid-19 ha estimulado el debate sobre su impacto en el mapa de poder mundial que se viene configurando desde principios del siglo XXI.  Esta reconfiguración de la geografía del poder tiene lugar en el marco de la crisis global que azota al sistema desde el 2008; y desde enero de 2020 a la crisis global en marcha, se suma la pandemia, la que algunos teóricos del sistema han pretendido presentar como causa de la crisis, cuando realmente ha sido un fatídico catalizador o acelerador de procesos en desarrollo.

¿Una nueva geopolítica global?

Los efectos que tendrán en el funcionamiento del capitalismo y en el mapa de poder global la conjunción de la crisis y las respuestas diferenciadas en el enfrentamiento a la pandemia no pueden ser visualizados con precisión en este momento. Es un momento de incertidumbres, pero la Covid-19, que apareció en el escenario como una wild card, nos deja una certeza: el mundo no será igual al que despedimos en diciembre de 2019.

Los cambios que se avecinan tienen que ver con un nuevo orden geopolítico, el cuestionamiento a la globalización neoliberal, el cambio del paradigma tecnológico y la visibilización global de un nuevo patrón de acumulación cuyo referente estará en Asia, especialmente en China, asentado en la aceleración del cambio tecnológico y una relación ciudadano-Estado-mercado basada en una nueva ingeniería social distinta a la de Occidente. En este nuevo contexto es previsible la profundización de la disputa geopolítica sobre América Latina y el Caribe entre los poderes globales establecidos y emergentes.

Luego de un débil armisticio en la guerra comercial, la cual expresa de fondo una guerra tecnológica y geoeconómica, el terreno de la disputa geopolítica entre China y Estados Unidos se acrecienta en plena pandemia en el plano retórico, como parte de la guerra por la legitimidad: al de acusar a China como responsable de la pandemia (virus chino) y atribuir a ésta el fin de China como potencia (Chernobyl chino). Bastaron pocos días para que la realidad se encargara de refutar la premonición de Occidente: China se erige en el gran actor de la cooperación internacional, acompañada por Rusia y Cuba.

En contraste, la gran decepción la han protagonizado Estados Unidos y la Unión Europea. La auto narrativa de esta última se desplomó, no ha habido siquiera un protocolo común para enfrentar la pandemia y las tardías disculpas del organismo no serán suficientes para rescatar la imagen de un proyecto en crisis. Cuando más necesaria era su acción conjunta la cooperación estuvo ausente.

Al gobierno nacionalista y anti-globalista de Estados Unidos no le bastó con el descrédito ocasionado por la irresponsable respuesta gubernamental frente al avance de la pandemia en su país, sino que profundizaron su accionar y arremete contra las instituciones multilaterales cuya creación impulsó después de la Segunda Guerra Mundial como parte de su arquitectura hegemónica. La última en sufrirlo fue la OMS.

La pandemia acelera la consolidación del papel de China como actor global, pero es un proceso que también venía de antes, porque desde 2001 Estados Unidos ya había reconocido el gigante asiático como un competidor estratégico y planteaba relaciones de cooperación que a la vez buscaban la contención. Entre 2008 y 2009 se produjo el lanzamiento de los BRICS, acompañado de una cierta institucionalización, y China redujo la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos, así como activó la adquisición de empresas globales y lanzó, en 2013, la Iniciativa de la Ruta y la Franja (BRI), considerada una respuesta al impulso del TPP por las fuerzas globalistas. Estos movimientos son parte de la lucha por la reconfiguración del Orden Mundial que exacerban las reacciones imperiales de Estados Unidos y alimentan la guerra mundial híbrida y fragmentada y la disputa geopolítica.

Desglobalización, Cuarta Revolución Industrial y el nuevo padrón chino de acumulación

Los pronósticos del mundo post-pandemia apuntan a un repunte del nacionalismo en su versión más conservadora, sin embargo, señales de este proceso se registraron con anterioridad. Desde hace varios años se vienen observando retrocesos en los principales indicadores de la globalización neoliberal, en este sentido la crisis de 2008-2010 marcó un punto de inflexión tras el cual no ha habido recuperación del dinamismo en el comportamiento del comercio, la IED, etc.

Al mismo tiempo, la efectividad comparada en el combate a la Covid-19 ha evidenciado el papel que en ello ha jugado un nuevo paradigma biotecnológico liderado y gestionado de manera fluida por los países asiáticos, especialmente por China. Junto a la capacidad para articular Estado, tecnologías limpias y salud pública (como también se demostró en el caso de Corea del Sur y Vietnam), la mayor parte de los países desarrollados de Occidente han dado muestras de su incapacidad para enfrentar este desafío. China está validando un cambio de nivel superior del socialismo de mercado, avanzando en la construcción de una economía con una capacidad superior de proyección de su desarrollo. Para ello ha desarrollado condiciones materiales que le permiten operar con restricciones casi cero. Esto significa que es una nueva variante de planificación que trabaja casi sin estrangulamientos (financieros, externos, capacidad productiva instalada, etc.). Esa es la base que sustenta la avanzada ingeniería humana y social cuya fortaleza se puso a prueba en el combate a la pandemia. Y es la antítesis de la financiarización que acelera la decadencia moral e intelectual que hoy afecta a Occidente.

Es importante subrayar que, a diferencia de Occidente tras la crisis de 2008, China no implementó políticas de austeridad y hoy son esas políticas las que impiden a los gobiernos liberales occidentales enfrentar de una manera decorosa la crisis, con sus restricciones del gasto público (salvo excepciones como Alemania y algunos más). Y ha avanzado en dar respuesta al clásico dilema entre economía de mercado y socialismo. Es una sociedad no exenta de contradicciones, en la que persisten problemas medio ambientales, sociales y políticos, pero existen políticas encaminadas a resolverlos, en especial, la conversión del mercado interno en el principal motor de la economía, la regulación de la IED y una perspectiva no enmarcada en un modelo general, sino la construcción del socialismo con características chinas.

Las contradicciones entre los “decadentes” proyectos continentalistas europeo y estadounidense y las fuerzas globalistas se hacen visibles, al tiempo que China asume el liderazgo como articuladora del multipolarismo, ofreciendo ayuda internacional frente a la pandemia e impulsando obras de infraestructura, que tienen en el BRI su expresión concreta más visible, con avances incluso en Europa.

El impacto de la pandemia ha demostrado la necesidad de “salirse” de la globalización neoliberal para responder a los desafíos de la pandemia, por lo menos como reacción inmediata. China no tiene pretensiones de convencer al resto del mundo de la universalidad de su modelo de desarrollo, durante años trabajó para diseñar un modelo propio. Al pensar cualquier modelo de desarrollo es vital preguntarse qué cosas pueden dejarse al mercado y que no, obviamente la salud, la educación y determinados sectores económicos no pueden dejarse al gobierno de la mano invisible sin pagar altísimos costos económicos, sociales y humanos en el mediano plazo. Es una triste lección que deja la Covid-19, lo cual golpea al modelo neoliberal dominante en gran parte del mundo en las últimas décadas.

El estancamiento de la globalización tal y como la hemos conocido, la aceleración de la crisis estimulada por la lucha entre los capitales, son procesos interrelacionados que abren un abanico de contradicciones, dilemas y desafíos, como la posibilidad de pérdida de las estructuras económicas en la periferia si se quedan atadas a la financiarización y al Norte Global; la agudización de las tensiones capital-trabajo; la tentativa de muchos sectores de las potencias atrasadas de intentar recuperar sus producciones industriales, generando más contradicciones en la economía mundial; la obsolescencia de las formas anteriores de generación del valor (por lo tanto, produce una enorme destrucción de valor) y surgimiento de nuevas formas económicas organizativas de funcionamiento de los procesos de creación de valor. Al mismo tiempo, la 4ª Revolución Industrial plantea la disyuntiva de incorporarse o de la “periferización absoluta” para las semiperiferias, y crea también la posibilidad de reemergencia de fuerzas anti hegemónicas.

El nuevo mapa del poder mundial y la América Latina

China ha pasado hoy a ser un país de referencia para la región y el mundo, dispuesta a asumir los costos económicos de la construcción de su liderazgo y ha hecho uso geopolítico de la cooperación como vía para lograrlo. Sin embargo, la asunción de un nuevo modelo de desarrollo por parte de China, basado en la demanda interna, tendrá impactos en las economías africanas y latinoamericanas. En la medida que se aceleran la crisis tanto del modelo de democracia liberal occidental como de los modelos de desarrollo establecidos/impuestos a la periferia, se conforma un nuevo mapa de contradicciones. Si bien es un momento crítico para la región, en que se unen los efectos de la crisis y los de la pandemia, también es un momento de oportunidades emanadas de replantear/rectificar/cómo se enfrentan: la producción agrícola, en especial la exportadora; la asistencia a la salud y a la educación; el aumento de la complejidad productiva; o la integración.

Para la región, la crisis es un momento de oportunidad y ese momento exige un plan, una estrategia para la relación con China, no se puede dejar a la espontaneidad que implica reproducir relaciones de dependencia. El peligro es reforzar economías extractivistas primario exportadoras, en crisis mundial, sin complejidad productiva en el mercado interno y sin control/democratización de los excedentes producidos en las actividades extractivas. Pensar la región con autonomía y respaldo en el pensamiento crítico latinoamericano es una necesidad impostergable. Y también lo es construir una mirada de China desde Nuestra América, más allá de las anteojeras coloniales.

 

Referância: CLACSO, 2020. Disponível em: https://www.clacso.org/covid-19-catalizador-de-la-crisis-mundial-y-el-nuevo-papel-de-china/

 

 

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair /  Alterar )

Foto do Google

Você está comentando utilizando sua conta Google. Sair /  Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair /  Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair /  Alterar )

Conectando a %s